La incomprensión del común
Sentirse de otra época, percibirse como un "bicho raro" al observarse a través del espejo de cientos de ojos puede llegar a resultar terriblemente abrumador...

Sentirse de otra época, percibirse como un "bicho raro" al observarse a través del espejo de cientos de ojos puede llegar a resultar terriblemente abrumador. La soledad hace acto de aparición en tono de burla, la incomprensión procura compensar con sorna lo que la mente es incapaz de explicar, a falta de argumentos que justifiquen la contrariedad que provocamos en esos "otros".
Sentirse diferente no hiere, lo que duele es la crítica destructiva. Por evitarla, generalmente nos esforzamos en pertenecer, en encajar, aun debiendo pagar el elevado coste de dejar de Ser. Sin embargo, no hay mayor dolor que engañarse y perderse a uno mismo; incluso si el común da la espalda a "esa locura que exhalas", a ese exceso, a esa extravagancia que te revela como un ser único y extraordinario, y ese común te señala como un ser defectuoso. No existe defecto que no sea virtud cuando al fin te reconoces a ti mismo y dejas de intentar minimizarte por no desentonar, por no "molestar", por pasar desapercibido... Observar el mundo desde un prisma diferente se convierte en un don cuando antes dudabas de si era un defecto, y ya no esperas la aprobación de un entorno hostil que critica tu forma de vida, porque tu mundo interior es un universo completo que no precisa validación para existir.
Puede que, con suerte, halles cómplices de tu locura a lo largo del camino; pocos, pero bien avenidos. Una pequeña y selecta sociedad de locos lúcidos en un mundo que, a tus ojos, rebosa colores ficticios...
Y compartir, únicamente con aquellos elegidos, la oscura, pero grata soledad de los incomprendidos que gozan, a la vez, de la ausencia de los aplausos vacíos y de la libérrima felicidad de ser plenamente ellos mismos.