Laura Redondo
Escritora y dama del RenacimientoTengo pocos recuerdos vívidos de cuando era niña. ¿Memoria selectiva?, quizá, aunque mala selección hice si algunos de los mejores son apenas un borrón que viene y va, en ocasiones tras un esfuerzo titánico de rememorar, por aquello de saborear un poco más el agridulce sabor de una infancia que quedó hace tiempo atrás. Prevalecen, sin embargo, los que hoy os vengo a contar. No por mostrar de mí más que algún retazo suelto pues soy de poco dar a conocer —reconozco ser celosa de un pasado que ni siquiera yo soy capaz de atesorar, cuanto menos atreverme a difundirlo sin saber cuánto de todo aquello es imaginado o cuanto ha ocurrido en realidad—, sino porque creo, más aún, me atrevería a asegurar, que mis letras tienen mucho que agradecer a aquella juventud imprecisa y, especialmente, a aquellos objetos que cobraron vida en mis manos para ayudarme a soñar.