Cuando mi sombra tu cuerpo amenaza
sin que el temor oscurezca tu rostro
ni haga brillar el deseo tus ojos,
busco tu frente.
Cuando las líneas que surcan tus pieles
garabatean en ellas tus dudas
y desde tus labios es pronunciada
sílaba muda,
las entrañas de tu árido vientre
de zarzas sin moras, mienten; declaman
versos de judas.
Amparada en tus brazos de armadura,
siendo para mí más que suficiente,
pues no hay razón que al corazón no aliente
a amarte, amor mío, hasta la locura;
y, hallándome aquí, ante esta sepultura
de mi coraza, muerta humanamente
por ti, verdugo, amante y confidente;
te hago ofrenda de la verdad más pura:
No debo confesarme enamorada;
no temas porque venza mi osadía,
mas, sin temor alguno a ser juzgada,
pues no hay en esta confesión porfía,
te juro que al infierno condenada
iría para alcanzarte, alma mía.